sábado, 29 de agosto de 2009

La Batalla de Seattle

En Noviembre de 1999 se celebro en Seattle la conferencia de la WTO (World Traiding Organization), organizacion que compone a miles de empresas de todo el mundo que busca lograr una globalizacion del comercio y unir a todo el mundo en una sola economia. A lo largo de la existencia, la WTO ha llevado a cabo abusos contra el medio ambiente, los animales y los seres humanos (los trabajadores).
Poco antes de comenzar la conferencia, decenas de miles de protestantes, entre ecologistas y sindicalistas, se alzaron en una portesta no-violenta en un intento por detener las reuniones que se llevarian a cabo. Cabe decir, que al principio tuvieron exito. Se cancelaron las reuniones por ese dia. Todo iba bien, hasta que un grupo de "anarquistas", aprovechando el ligero desorden de la ciudad y la concentracion de los policias en los protestantes, comenzaron a atacar a negocios como Starbucks, McDonald's, entre otros. El alcalde de la ciudad, ante estos sorpresivos ataques violentos, autorizo a los policias el uso de la fuerza contra los protestantes. Asi comenzo la Batalla de Seattle.
El problema es que, anarquistas, habian dos. Los violentos, que usan la fuerza para ayacar directamente al Sistema; y los pacificos, que atacan al mismo ente pero a traves de el pensamiento y las protestas. En la protesta inicial de los ecologistas habian anarquistas, que aprovecharon el movimiento masivo de personas para difundir su mensaje. Es por los ataques de los "violentos" hacia los negocios que los anarquistas se vieron como las ovejas negras de la protesta , que la kagaron con su intervencion, que provocaron el inicio de una batalla campal, y que la anarquia se vio erroneamente asociada al desrden y al caos total.
La anarquia no es mas que la auscencia de autoridad (o Estado), y esto no debe desencadenar nescesariamente en desorden.
Aun asi, ni los violentos ni los pacificos tocaron o atacaron a un solo civil. Los anarquistas no utilizaron la fuerza de ningun tipo sobre la gente que se cruzaba en su camino. Sola y exclusivamente atacaron a los negocios. Ni a las personas dentro de estas tocaron. Pero si fueron los policias, titeres del Gobierno y la WTO, los que atacaron a los protestantes, tanto a los ecologistas y sindicalistas como a los anarquistas.
Lo que los anarquistas quisieron con este movimiento,como siempre, desde hace mas cientos de años, fue mostrarle a la poblacion que si se quiere, se puede, y traer abajo al sistema.
Pero, como siempre, la vilencia fue la que en verdad la kago.

lunes, 24 de agosto de 2009

Encuentros en 3ra persona

Las alargadas vacaciones en las que, tanto yo como los demás adolescentes de la ciudad, nos vimos enfrascados las últimas semanas de Julio habían pasado para mí sin muchas preocupaciones. Pero, como bien sabía, el fatal momento en que toda la vagancia acabara se acercaba a paso lento y violento contra mí. Y, a pesar de todo el tiempo que había visto en mis manos, no había hecho la única tarea que nos habían dejado: la asignatura del profesor Alexis que consistía en buscar anuncios con comas.”No importa, tengo tiempo”, pensé yo. Pero luego me anunciaron que viajaríamos al sur del país durante la última semana de vacaciones. Esto me lo dijeron unos cuatro días antes de irnos. Así que, con el resto de mis días de libertad en mi contra, me dispuse a salir el jueves 30 por la mañana.
Llegó el día, y me desperté a las 9 de la mañana, “temprano”. Debido a una serie de distracciones, salí de mi casa alrededor de las 12 de la mañana, con nada más que mi mochila con todo lo necesario. Ya en la calle, frente a mi hogar, se presentaron los dos primeros problemas: ¿A dónde ir?, y ¿Qué buscar? Había olvidado casi todo lo que había aprendido el bimestre pasado. Nunca me había aprendido los tipos de coma de memoria. Dudoso, decidí irme a Benavides, ahí se podían encontrar gran número de cárteles, y tomaría cuantas fotos pudiese. El asunto de las comas lo vería después, pues tenía el cuaderno de Lenguaje en mi casa.
Bajé por una calle y llegué a Benavides. Hacía la izquierda llegaba al colegio, y hacía la derecha iba a Miraflores. Me decidí por a derecha. Al llegar al Trigal, vi unos reflectores y unas cámaras apuntando a una tienda. Curioso, me quede viendo mientras cruzaba una calle, y un furioso conductor me hizo saber que tenía que estar atento. Más adelante, del otro lado de la avenida, había un “Sanguchón Campesino”, y en el cártel el uso de coma que más me sabía, el de enumeración. Espere el momento en el que no pasaran combis ni de uno ni del otro lado y tomé la foto. Seguí mi caminata y estando a unas cuadras del Óvalo Higuereta me percaté de algo: no tenía como volver. En mi billetera no había más de 50 o 60 centavos y ningún transporte público me iba a aceptar eso. Así que tendría que volver como me fui: caminando. Para cuando llegue al Óvalo ya no tenía plata, pues la gaste en un caramelo y lo que quedó se lo di a una señora.
Crucé hacía el lado izquierdo de la avenida y rodee el ovalo por ese lado. Ya del otro lado, miré hacia arriba y vi, sobre un edificio, un cartel del “Scotiabank” que contenía un uso de coma que no era de enumeración, como en casi todos los carteles. Busqué un punto del cual tomar una foto sin ser visto pero no encontré ninguna. Saqué la cámara y rápidamente tomé la foto. Aún así, temiendo que alguien me hubiera visto y me siguiera, me metí a Paseo La Castellana y luego me introducí en una calle paralela a Benavides. Me llevé una gran decepción al encontrar solo un parque y nada más. En la siguiente esquina volteé a la izquierda y volví a la avenida. Seguí mi travesía un poco cansado, pero esto solo estaba comenzando.
Cerca al cruce con La Merced, me encontré en un lugar que me trajó a la memoria un amargo recuerdo, el recuerdo de una chica y una experiencia que hubiera preferido olvidar. Tratando de despejar la mente, me metí a La Merced y busqué una nueva callecita. Al entrar a esta, el ruido prácticamente despareció. Frente a mí había un parque y en medio de este una hermosa capilla. A esto se le sumo el ruido de unos pajarillos cantando, formando así una imagen ridículamente cursi. Volteé a la izquierda y seguí caminado, sin rumbo ni sentido, hasta llegar a otro parque, pero este debía ser el más hermoso que hubiera visto, al menos en esa zona. Se parecía mucho a los parques que habían en el malecón de Miraflores, solo que desde este no se veía el Mar. En este punto di por acabada mi búsqueda y me remití a volver. Di media vuelta y volví a La Merced. De ahí se veía una calle que, recordé porque alguna ves pasé por ahí, contenía gran cantidad de negocios, desde bodegas y restaurantes hasta bancos y veterinarias. Fui hacía allí, esperando encontrar gran cantidad de comas. Gran decepción me llevé al no encontrar ni una. Seguí por esta calle en dirección a mi casa. Estaba desolada y barría con la mirada ambas veredas, esperando encontrar algo interesante o algún signo de puntuación; hasta que mis ojos se posaron en la única persona que nunca hubiera esperado encontrar. Caminado en dirección contraria a la mía, en el otro lado de la acera, en una calle muy lejos de mi casa y de los caminos por los que suelo andar, caminada, despreocupada, la chica del amargo recuerdo. La miraba de pies a cabeza para asegurarme de que era ella, mientras seguía caminado. Si, era ella. Pero, ¿cómo? ¿Por qué? No tenía idea. Volteó hacía mí y yo volví e el rostro, buscando donde esconderlo, y aceleré el paso. Esto no podía estar pasando. Parecía sacado de una mala novela para adolescentes. Entonces caminé y caminé, desconcertado, olvidando todo lo demás que había pasado hasta ese momento. Más adelante caminé más lento. El alma se me calló hasta los suelos y sentí un repentino cansancio. Pero no era una fatiga física, más bien era espiritual, aunque suene ridículo. Seguí caminando, sin legar a ningún lugar. Luego, la calle doblaba hacía un lado, pero yo entré en un pasaje que seguí de frente. Al final de este vi, aliviado, un cartel que decía “Paseo La Castellana. La esperanza revivió en mí y me dirigí hacia Benavides, que no estaba a más de tres cuadras. Llegué y caminé ahora por el lado zurdo de la avenida. Cerca del Trigal me metí por nuevas calles y llegué a la tienda de los reflectores y las cámaras. Pareciese que estaban haciendo un comercial o algo así.
Finalmente llegué, cansado y adolorido, a mi casa. Todas las malas vibras habían quedado atrás, hasta que me senté frente a la computadora. Escribí, y recordé.