miércoles, 16 de septiembre de 2009

Smile

Sonrie para ellos...

lunes, 7 de septiembre de 2009

La muerte de Tommy Kerr

Tommy Kerr vivia en la Lima del siglo XXI como cualquier otro joven. Salia con sus amigos a menudo, había tenido varias parejas temporales, y en todas sus relaciones habìa tenido los tipicos altibajos y conflictos que se daban con la gente de su edad. Vivia en una casa en Miraflores, y habìa estudiado en el Maria Reina. ahora estudiaba Artes plàscticas en la Catolica y se podia decir que todo
le iba bien. Si, bien.


El 5 de Septiembre Tommy Kerr salio con sus amigos de la universidad a comer algo por ahi. Era una salida màs, nada especial. Estaban Patrizio, Santiago, Roberto y Hernan. Pero habia alguien mas. Estaba Sophie.Varias veces habia salido ya con ellos, pero cada ves le era mas dificl afrontar la situacion. En cuanto a ella, parecia que ya habia olvidado todo. Pero él nunca dejo de sentir lo que sentia por ella. A pesar de que ella era tan fria y dura con el, el no podia evitarlo. Era como un tipo de suicidio. Siempre se quedaba callado en su presencia. a veces hasta se apartaba del grupo, silenciosamente. Era horrible, para sus amigos, y para él mismo, ver lo que se hacia por ella.
Pero esta ves, algo era distinto. El estaba, normal. Alegre, gracioso, hasta sarcastico. Pareciese que todo hubiera quedado magicamente atràs y comenzara un nuevo capitulo de su vida. Todos estaban alegremente sorprendidos; hasta la misma Sophie notaba algo especialmente distinto en Tommy. Todos pasaron una tarde como ninguna. Disfrutaron como hacia meses que no disfrutaban en grupo. Sophie y Tommy hablaron como amigos. Como, segùn recordaban todos, no habían hablado jamás pues Tommy siempre sintio algo por ella. Y ese algo crecio y crecio sin control como un tumor cancerigeno.
Las horas pasaron y pasaron sin que nadie se diese cuenta de como se les iba el tiempo en hablar y reir. Ya entrada la noche, cada uno se retiro de vuelta a su casa. Tommy se ofrecio a llevar a Sophie a su casa. Se veia tan natural y feliz que nadie sospecho nada, ni la misma Sophie. Tommy la llevo hasta su hogar y, ya en la puerta, se pararon uno frente al otro y se miraron fijamente. Luego de unos segundos, que para ambos parecieron horas, hermosas horas de paso suave, se despidio de ella con un beso en la mejilla, gesto que siempe despertaba incomodidad en ambos, pero que esta ves les resulto a ambos hasta agradable. Sophie vio como Tommy se iba hacia su humilde departamente a algunas cuadras de ahi, con una enorme sonrisa en el rosto. Tan grande que la hizo sonreir y sentir una extraña paz interior. Todo estaba bien. Si.




La mañana del 6 de Septiembre Tommy Kerr fue econtrado colgando de una cuerda en un àrbol de un parque cerca a su casa. Segun las autoridades encargadas del caso, el joven llevo a cabo dicha atrocidad entre las 3 y 5 de la mañana. Un examen de toxicologia demostro que no se encontraba bajo el efecto ni de alcohol ni de droga alguna. No habian testigos. La ultima persona en verlo habia sido Sophie Velez, aproximadamente 6 u 8 horas antes de su muerte. Despues de exaustivas entrevistas con sus amigos y familiares mas cercanos, los investigadores no pudieron llegar a ninguna conclusion razonable o creible que hubiese llevado a Tommy a hacer lo que hizo. Se concluyo que habia sido asesinado, asi que una investigacion por homicidio se inicio.
El 8 se Septiembre un grupo de policias ingreso al departamento de Tommy Kerr en el 202 de la avenida Benavides. Los pocos que quisieron hablar de la experiencia dijeron que lo que encontraron fue un completo caos, un desorden tan descomunal que ninguno de los oficiales quizo entrar primero, por miedo a encontrar algo poco amigable. Dentro, todo lo que habia eran libros de estudio, otros muchos libros de terror y ciencia ficcion, y papeles. Y quiza fue esto ultimo lo unico que llamo la atencion de los policias. Los papeles eran basicamente poemas y dibujos. Los dibujos estaban todos centrados en una sola tematica: muerte. Les resultaba increible cuantos rostros, cuantas escenas sobre lo mismo. La habilidad y crudeza con que Tommy habia plasmado su extraña y distorcionada, y a pesar de eso realista, vision del mundo dejo perplejos a los oficiales que apenas si pudieron tomar los poemas y leerlos. Más desesperacion y sufrimiento fue lo que encontraron. Los titeres de la justicia salieron de el departamento pocos minutos depues de haber entradom aunque para ellos fueron semanas.
El caso Kerr fue declarado un suicidio.


Tommy Kerr fue enterrado el 10 de Septiembre en el cementerio Jardines de la Paz. De sus amigos, solo Roberto quizo -y pudo- hablar. Además hablo su madre y su hermana. Y finalmente, Sophie Velez se paro frente el estrado:

"Tommy estaba enfermo, pero nadie quizo verlo.
Tommy fue su doctor, y odio se receto.
Su droga fue la depresion, y desde siempre la tomo.
Tommy tomo una sobredosis.
Tommy ya estaba muerto, cuando se despidio de su tormento."

Si.

sábado, 29 de agosto de 2009

La Batalla de Seattle

En Noviembre de 1999 se celebro en Seattle la conferencia de la WTO (World Traiding Organization), organizacion que compone a miles de empresas de todo el mundo que busca lograr una globalizacion del comercio y unir a todo el mundo en una sola economia. A lo largo de la existencia, la WTO ha llevado a cabo abusos contra el medio ambiente, los animales y los seres humanos (los trabajadores).
Poco antes de comenzar la conferencia, decenas de miles de protestantes, entre ecologistas y sindicalistas, se alzaron en una portesta no-violenta en un intento por detener las reuniones que se llevarian a cabo. Cabe decir, que al principio tuvieron exito. Se cancelaron las reuniones por ese dia. Todo iba bien, hasta que un grupo de "anarquistas", aprovechando el ligero desorden de la ciudad y la concentracion de los policias en los protestantes, comenzaron a atacar a negocios como Starbucks, McDonald's, entre otros. El alcalde de la ciudad, ante estos sorpresivos ataques violentos, autorizo a los policias el uso de la fuerza contra los protestantes. Asi comenzo la Batalla de Seattle.
El problema es que, anarquistas, habian dos. Los violentos, que usan la fuerza para ayacar directamente al Sistema; y los pacificos, que atacan al mismo ente pero a traves de el pensamiento y las protestas. En la protesta inicial de los ecologistas habian anarquistas, que aprovecharon el movimiento masivo de personas para difundir su mensaje. Es por los ataques de los "violentos" hacia los negocios que los anarquistas se vieron como las ovejas negras de la protesta , que la kagaron con su intervencion, que provocaron el inicio de una batalla campal, y que la anarquia se vio erroneamente asociada al desrden y al caos total.
La anarquia no es mas que la auscencia de autoridad (o Estado), y esto no debe desencadenar nescesariamente en desorden.
Aun asi, ni los violentos ni los pacificos tocaron o atacaron a un solo civil. Los anarquistas no utilizaron la fuerza de ningun tipo sobre la gente que se cruzaba en su camino. Sola y exclusivamente atacaron a los negocios. Ni a las personas dentro de estas tocaron. Pero si fueron los policias, titeres del Gobierno y la WTO, los que atacaron a los protestantes, tanto a los ecologistas y sindicalistas como a los anarquistas.
Lo que los anarquistas quisieron con este movimiento,como siempre, desde hace mas cientos de años, fue mostrarle a la poblacion que si se quiere, se puede, y traer abajo al sistema.
Pero, como siempre, la vilencia fue la que en verdad la kago.

lunes, 24 de agosto de 2009

Encuentros en 3ra persona

Las alargadas vacaciones en las que, tanto yo como los demás adolescentes de la ciudad, nos vimos enfrascados las últimas semanas de Julio habían pasado para mí sin muchas preocupaciones. Pero, como bien sabía, el fatal momento en que toda la vagancia acabara se acercaba a paso lento y violento contra mí. Y, a pesar de todo el tiempo que había visto en mis manos, no había hecho la única tarea que nos habían dejado: la asignatura del profesor Alexis que consistía en buscar anuncios con comas.”No importa, tengo tiempo”, pensé yo. Pero luego me anunciaron que viajaríamos al sur del país durante la última semana de vacaciones. Esto me lo dijeron unos cuatro días antes de irnos. Así que, con el resto de mis días de libertad en mi contra, me dispuse a salir el jueves 30 por la mañana.
Llegó el día, y me desperté a las 9 de la mañana, “temprano”. Debido a una serie de distracciones, salí de mi casa alrededor de las 12 de la mañana, con nada más que mi mochila con todo lo necesario. Ya en la calle, frente a mi hogar, se presentaron los dos primeros problemas: ¿A dónde ir?, y ¿Qué buscar? Había olvidado casi todo lo que había aprendido el bimestre pasado. Nunca me había aprendido los tipos de coma de memoria. Dudoso, decidí irme a Benavides, ahí se podían encontrar gran número de cárteles, y tomaría cuantas fotos pudiese. El asunto de las comas lo vería después, pues tenía el cuaderno de Lenguaje en mi casa.
Bajé por una calle y llegué a Benavides. Hacía la izquierda llegaba al colegio, y hacía la derecha iba a Miraflores. Me decidí por a derecha. Al llegar al Trigal, vi unos reflectores y unas cámaras apuntando a una tienda. Curioso, me quede viendo mientras cruzaba una calle, y un furioso conductor me hizo saber que tenía que estar atento. Más adelante, del otro lado de la avenida, había un “Sanguchón Campesino”, y en el cártel el uso de coma que más me sabía, el de enumeración. Espere el momento en el que no pasaran combis ni de uno ni del otro lado y tomé la foto. Seguí mi caminata y estando a unas cuadras del Óvalo Higuereta me percaté de algo: no tenía como volver. En mi billetera no había más de 50 o 60 centavos y ningún transporte público me iba a aceptar eso. Así que tendría que volver como me fui: caminando. Para cuando llegue al Óvalo ya no tenía plata, pues la gaste en un caramelo y lo que quedó se lo di a una señora.
Crucé hacía el lado izquierdo de la avenida y rodee el ovalo por ese lado. Ya del otro lado, miré hacia arriba y vi, sobre un edificio, un cartel del “Scotiabank” que contenía un uso de coma que no era de enumeración, como en casi todos los carteles. Busqué un punto del cual tomar una foto sin ser visto pero no encontré ninguna. Saqué la cámara y rápidamente tomé la foto. Aún así, temiendo que alguien me hubiera visto y me siguiera, me metí a Paseo La Castellana y luego me introducí en una calle paralela a Benavides. Me llevé una gran decepción al encontrar solo un parque y nada más. En la siguiente esquina volteé a la izquierda y volví a la avenida. Seguí mi travesía un poco cansado, pero esto solo estaba comenzando.
Cerca al cruce con La Merced, me encontré en un lugar que me trajó a la memoria un amargo recuerdo, el recuerdo de una chica y una experiencia que hubiera preferido olvidar. Tratando de despejar la mente, me metí a La Merced y busqué una nueva callecita. Al entrar a esta, el ruido prácticamente despareció. Frente a mí había un parque y en medio de este una hermosa capilla. A esto se le sumo el ruido de unos pajarillos cantando, formando así una imagen ridículamente cursi. Volteé a la izquierda y seguí caminado, sin rumbo ni sentido, hasta llegar a otro parque, pero este debía ser el más hermoso que hubiera visto, al menos en esa zona. Se parecía mucho a los parques que habían en el malecón de Miraflores, solo que desde este no se veía el Mar. En este punto di por acabada mi búsqueda y me remití a volver. Di media vuelta y volví a La Merced. De ahí se veía una calle que, recordé porque alguna ves pasé por ahí, contenía gran cantidad de negocios, desde bodegas y restaurantes hasta bancos y veterinarias. Fui hacía allí, esperando encontrar gran cantidad de comas. Gran decepción me llevé al no encontrar ni una. Seguí por esta calle en dirección a mi casa. Estaba desolada y barría con la mirada ambas veredas, esperando encontrar algo interesante o algún signo de puntuación; hasta que mis ojos se posaron en la única persona que nunca hubiera esperado encontrar. Caminado en dirección contraria a la mía, en el otro lado de la acera, en una calle muy lejos de mi casa y de los caminos por los que suelo andar, caminada, despreocupada, la chica del amargo recuerdo. La miraba de pies a cabeza para asegurarme de que era ella, mientras seguía caminado. Si, era ella. Pero, ¿cómo? ¿Por qué? No tenía idea. Volteó hacía mí y yo volví e el rostro, buscando donde esconderlo, y aceleré el paso. Esto no podía estar pasando. Parecía sacado de una mala novela para adolescentes. Entonces caminé y caminé, desconcertado, olvidando todo lo demás que había pasado hasta ese momento. Más adelante caminé más lento. El alma se me calló hasta los suelos y sentí un repentino cansancio. Pero no era una fatiga física, más bien era espiritual, aunque suene ridículo. Seguí caminando, sin legar a ningún lugar. Luego, la calle doblaba hacía un lado, pero yo entré en un pasaje que seguí de frente. Al final de este vi, aliviado, un cartel que decía “Paseo La Castellana. La esperanza revivió en mí y me dirigí hacia Benavides, que no estaba a más de tres cuadras. Llegué y caminé ahora por el lado zurdo de la avenida. Cerca del Trigal me metí por nuevas calles y llegué a la tienda de los reflectores y las cámaras. Pareciese que estaban haciendo un comercial o algo así.
Finalmente llegué, cansado y adolorido, a mi casa. Todas las malas vibras habían quedado atrás, hasta que me senté frente a la computadora. Escribí, y recordé.

jueves, 30 de julio de 2009

El Diario de Jane - II

Descubrieron que Carl se llamaba Carl Schlegerberger. A James le costaba cada ves menos decirlo. Venía de una familia alemana que emigro durante la Segunda Guerra
Mundial. Vivía a unas 7 cuadras de Jane.
-¿Si?- preguntó el hombre rubio y alto que abrió la puerta.
-¿Se encuentra Carl? Somos la…
-¿Qué hizo ahora?- interrumpió secamente el hombre.
“Mierda, sus antecedentes” pensó.
-Em, no nada, solo queríamos hablar son él sobre Jane Judge.
El señor Schlegerberger les hechó una mirada cortante y dijo
-Está bien. Pasen.
James Allerson y un agente de la policía pasaron y se sentaron en la sala.
El padre de Carl lo llamó a gritos y este le respondió igual. En un momento entró en la sala y se sentó. Se notaba nervioso. James tomó la palabra mientras el otro apuntaba.
-Carl, ¿estas consiente de lo que sucedió con Jane Judge hace cuatro días?
-Si-respondió fríamente. De tal palo tal astilla.
-Mira niño, no perdamos tiempo-dijo ya cansado el detective, cerciorándose de que sus padres no estuviesen cerca-, ¿sabes algo de Jane Judge?
-No-respondió serenamente Carl-, no se nada de ella hace cuatro días.
El policía vio a James. Se veía que estaba apunto de explotar.
-¿Sabes de alguien que pueda saber algo de ella?-preguntó, tragándose toda su ira.
-No, nadie, no la conocía muy bien.
“¿A no?” pensó.
-Bueno, gracias por su tiempo. Disculpe la molestia.
James se paró y se fue. El policía lo siguió sorprendido.

-¿Por qué no le hizo más preguntas?-preguntó más tarde en el carro el policía.
-Porque así no le iba a saca nada. Tengo otros medios para obtener lo que necesito.



Miércoles 7 de enero

Julie me dio su número. Ella fue quien me lo presentó. Dice que estudia en nuestro colegio, pero nunca lo había visto. Estuve todo el día como loca pensando en si llamarlo o no. Y lo llamé. Y aaayyy¡¡¡¡ Es tan lindo. Es dulce, inteligente, gracioso…y estuvimos hablando por hooras y horas y me invitó a salir el viernes¡¡. No puedo esperar a verlo. Es perfecto. Todo es perfecto.




James se sentía cada ves más ridículo al leer el diario ¿Qué estaba haciendo? Estaba leyendo el diario de una simple adolescente. Aunque hubiese sido asesinada, eso no lo hacia sentir mejor. Pero algo había ahí, podía sentirlo.
-Detective.
Alguien llamó desde la puerta de su oficina.
-Em, ¿si?
-Alguien lo busca. Es sobre la chica.
James se levantó de un saltó de su silla, guardó el libro en un cajón y se fue.
En la recepción había, sentada en un sofá, una chica de unos 17 años, tan simpática como Jane. Necesitaba una novia.
-Buenas noches, yo soy el detective James Allerson-estrecharon las manos- Por favor, ¿me acompañas?
La llevo a su oficina. No le gustaba el cuarto de interrogatorios.
-Dime, ¿cuál es tu nombre?
-Mi…Micaela. Micaela Stewart.
-Y, dime-prendió una grabadora por debajo del escritorio- ¿qué es lo que me querías decir?
Micaela se quedó un momento mirando al vacío.
-Yo…-dijo finalmente- creo saber quien mató a Jane.
James se acomodó en su asiento.
-Bueno, entonces dime, ¿quién?
Micaela levantó la mirada y se quedó pálida al ver por la ventana detrás de James.
-Eh…no…eh-bajó la mirada y calló.
-Por favor, Micaela. Sé que es difícil pero, entiende, lo que tú sepas nos va a ayudar a descubrir al asesino. ¿No quieres que lo atrapemos?

lunes, 1 de junio de 2009

El diario de Jane - I

El detective James Allerson dio otra calada a su cigarrillo mientras rebuscaba entre los cuadernos que tenía frente a él. En su memoria apareció el recuerdo de la llamada que recibió el día de ayer. Un cuerpo irreconocible había sido encontrado en la orilla del río que recorría la ciudad. Según los policías, el sujeto era hombre, de entre 15 y 18 años. No pudieron sacar más información de los restos. Así de mal estaba. Pero James se sintió aliviado al escuchar que era un hombre. No era lo que estaba buscando. Él estaba tras otra desaparición. La desaparición, hace cuatro días, de Jane Judge.


Jane Judge era una adolescente que cursaba el 5to año de secundaria en una pequeña escuela en su pueblo, cerca de Seattle. De estatura media, pelo castaño claro, tez blanca, ojos grandes y oscuros, como dos pozos que… No. El lado poeta de James trato de salir, tomar el control nuevamente. No debía permitirlo. Esta era la descripción que sus padres le dieron hace cuatro días, cuando la desesperación los había asaltado esa mañana cuando su hija no había regresado de la casa de su amiga. Obviamente, su amiga no sabía nada, los padres de la niña tampoco, y nadie había visto a Jane en casi todo un día.


James se encontraba en el cuarto de la adolescente, a ver si encontraba algo que pudiera revelar su paradero. Hasta el momento no había nada. Solo notitas de el que debía suponer era su enamorado (lo buscaría luego), notitas de sus amigas (las buscaría luego, también), vagos apuntes de la escuela, dibujos abstractos y una especie de retrato. Era un retrato de ella misma, pero sin pelo. Pensó preguntarles a sus padres, pero no parecía que ellos fuesen a saber mucho. Las cosas parecían complicarse un poco. Sus padres decían que en el colegio no era una alumna sobresaliente, que su comportamiento siempre había sido el de una adolescente normal, la amiga con la que había hablado decían lo mismo, y sus profesores también. Una chica normal desaparece absolutamente de la nada en un pueblo tranquilo y nadie sabe nada. James dio otra calada a su cigarrillo, pensativo. Algo no encajaba. Pero no tenía suficientes pruebas para saber que. Siguió buscando.
Más papeles. Más notas. Más dibujos. Todos los guardaba en una bolsita, para analizarlos luego. Una para papeles sin razón ni motivo. Una para notas. Otra para dibujos. Luego, debajo de la capa de hojas, había una capa de cuadernos. Casi todos de la escuela. Matemáticas, lenguaje, historia, ciencias, hasta de arte. Nada personal, nada que pudiera darle una pista de… un momento. Encontró algo que no parecía ninguno de los otros cuadernos. Era más pequeño que los demás y la cubierta era de cuero. Pero lo que llamó su atención hacía el pequeño cuadernito era una cruz. Una cruz dibujada con corrector líquido en la portada. Era mediana y se encontraba en la esquina izquierda inferior de la tapa de cuero.
James dejó lo que tenía en las manos a un lado y tomó el cuaderno, lo abrió y leyó en la primera página: Diario. “Esto, esto es”, pensó, excitado por este nuevo descubrimiento.
La luz de un carro entrando por el estacionamiento lo jaló de nuevo a la realidad. No se había dado cuanta de lo tarde que era. Miró su reloj. Eran ya las 8 y cuarto. A esta hora los padres de Jane volverían. Les habían dado ese tiempo a los policías para investigar la casa. No les gustaban estas clases de investigaciones. El detective Allerson metió el cuaderno y las bolsas de papeles en su maletín y se dirigió a la sala. Sus ayudantes estaban todos reunidos ahí sentados en los sillones.
-¿Se puede saber que hacen?
-Hace una media hora que acabamos de revisar la casa, jefe-le respondió uno de los policías-. Lo estábamos esperando.
-Bueno, gracias, ahora vamonos antes de que…
La puerta se abrió de golpe y los señores Judge entraron a la casa.
-Oh-dijo el señor Richard Judge en tono decaído-, siguen aquí.
-Eh, si, lo sentimos. Ya nos íbamos.
James hizo un gesto con la mano y los agentes se pararon y comenzaron a despedirse respetuosamente de los señores.
-Em, ¿encontraron algo?-preguntó la señora Dorothy Judge, interrumpiendo la salida de los policías.
-Los sentimos-dijo el detective-, no encontramos nada.


“Nada” ¿Porque había mentido? Algo le decía que Jane no quería que sus padres encontraran su diario. Menos un total desconocido. Pero. ¿Por qué? ¿Qué esperaba encontrar? Era solo una adolescente, ¿no?
En el asiento de copiloto del carro de policía, se decidió a leerlo. Abrió la tapa. Paso la primera página, de una manera case ceremoniosa.

Lunes 5 de enero


Hoy inauguró estas páginas. No sé que decir. Hoy no paso nada en verdad. Tal ves pueda escribir algo que pasó antes, en la fiesta de fin de año…Ay¡ Conocí al chico perfecto. Bueno, en verdad no lo conocí. Simplemente nos presentaron. Pero sentí algo, y estoy casi segura que él también. Se llama Carl. Charlie¡ Es alto, de ojos claros, el pelo cortito, cortito. Pero es…perfecto. Me gusta. Me gusta mucho. Pero apenas lo conozco y…y…


Ahí terminaba. James se sentía decepcionado, hasta algo ridículo. Era el simple diario de una típica adolescente. Nada especial. Encendió un cigarrillo. Esto no lo estaba llevando a ningún lado. Solo le quedaba ir a buscar a ese tal Carl y hablar con el.
Entonces sintió que todos lo miraban.
-¿Qué?- les preguntó
-Estamos dejando el cigarro, si le molesta- respondió el que estaba manejando.
James tiro el cigarro por la ventana y se sumergió en sus pensamientos.

lunes, 24 de noviembre de 2008

El Pozo

Escribo desde un profundo estado de locura del que ya no me puedo zafar. Estoy encerrado en mi habitación, ubicada en el segundo piso de lo que fue alguna ves mi hogar. Ahora no es más que una prisión para mí. Escribo porque sé que no podré más. Ya está todo listo. No veré un amanecer más. No le daré el honor de atraparme con vida.

Era un domingo cualquiera en la tarde. Yo y mi esposa nos encontrábamos observando el amanecer, cuando mi hijo de tan solo 6 años nos llamó. Había escuchado un ruido salir del pozo frente a mi casa. Como era de esperarse, nuestra soberanía como padres nos nubló el razonamiento, haciéndonos pensar que, aparentemente, mi hijo habría escuchado un animal o algo así. Pero, durante la noche, un aullido inhumano, una especie de quejido, nos impidió el sueño a mi y a mi conyugue.

Mi hogar está construido sobre el terreno donde se levantó, algunas ves, un laboratorio nazi. El pozo debía de tener unos veintitantos metros de profundidad. Nunca lo habíamos usado. Era más bien un adorno del jardín de atrás.

Dos días después de que empezaran los quejidos, mi hijo no despertó en su cama. Encontramos en su alcoba un rastro de agua que llevaba al pozo. Pero aún así, en ningún momento descarté la posibilidad de que esto fuera obra de alguno de mis enemigos de antaño en busca de venganza. Todos los días después de la desaparición de mi hijo mi esposa se pasó los día enteros frente al pozo, mirando hacía abajo, escuchando, esperando, hasta que yo las llevaba a mi habitación.
Un día desperté y mi mujer no estaba a mi lado. La busqué en todos lados y no estaba. Me asome por la ventana de la cocina hacía el jardín de atrás y allí estaba. Mirando hacía el pozo. Salí y me dirigí hacía ella. Tenía la mirada perdida en el agujero negro que tenía en frente. “Estefanía” la llamé, pero no respondió. Solo cuando me encontré a escasos metros de ella se percató de mi presencia. “Lo siento mucho” dijo “, pero esto es más grande que yo”. Y cayó al pozo. “No” grité y salté hacía el pozo, dejando la mitad del cuerpo colgando del pozo. Lloré a mi mujer por tres días y dos noches, durante las cuáles no dormí. Hasta que la tercera noche, los aullidos inhumanos comenzaron de nuevo. Y no aguanté más. Salí con la lámpara en mano hacia el pozo he iluminé el hoyo, a ver si veía algo. Nada. Una oscuridad sin fin se extendía bajo mis ojos. Y lo escuché por detrás de mi espalda. Volteé para ver que era y me encontré cara a cara con un enorme ser, al menos un metro más grande que yo. Lanzó un gruñido y solté la lámpara y me eché a correr. Le escuchaba detrás de mí. Lo sentía detrás de mí. Quería voltear y destruirlo, fuese lo que fuese. Se me nubla la mente cada ves que trato de recordarlo con detalles. Solo sé que no es humano. Ni animal, como llegué a pensar en algún momento. Corrí bajo la lluvia y los truenos hasta la puerta trasera de mi casa y me encerré en la cocina. Tomé la escopeta de detrás de la puerta, dispuesto a enfrentarme a la cosa, pero cuando vi su silueta fuera de la casa y el temor y el horror se apoderaron de mi y me quedé tieso, ahí frente a la puerta trasera de mi casa, aprisionado por un a criatura.
Cuando volví en mi, corrí con el arma hacia mi habitación. Dos días han pasado desde eso. Desde entonces, logró entrar a mi casa y destruirlo todo. Lo escucho. Lo escucho todo el tiempo. Sabe que estoy aquí adentro. Me escucha. Me huele. Trató de entrar unas ves, pero le disparé. Creo que esta herido. Tal ves, solo tal ves, si me enfrento a el podré vencerlo. O podría morir. Pero nada puede ser peor que esta soledad. Esta impotencia. He perdido a mi familia. Y ni siquiera sé si es eso lo que los mató. Pero si sé que no descansara hasta tenerme. Y no sé que es.

Sigue ahí. He gastado todas las municiones de la escopeta disparando a la pared y a la puerta. Prácticamente puedo ver su enorme presencia moverse de un lado hacia otros, destruyendo todo a su paso. Si quisiera, podría entrar al cuarto. Pero no. Se queda ahí. Me esta esperando. Quiere que salga y lo enfrente. No. No le voy a dar el gusto. No me le daré la gracia. Ya es hora. Es el fin.