El detective James Allerson dio otra calada a su cigarrillo mientras rebuscaba entre los cuadernos que tenía frente a él. En su memoria apareció el recuerdo de la llamada que recibió el día de ayer. Un cuerpo irreconocible había sido encontrado en la orilla del río que recorría la ciudad. Según los policías, el sujeto era hombre, de entre 15 y 18 años. No pudieron sacar más información de los restos. Así de mal estaba. Pero James se sintió aliviado al escuchar que era un hombre. No era lo que estaba buscando. Él estaba tras otra desaparición. La desaparición, hace cuatro días, de Jane Judge.
Jane Judge era una adolescente que cursaba el 5to año de secundaria en una pequeña escuela en su pueblo, cerca de Seattle. De estatura media, pelo castaño claro, tez blanca, ojos grandes y oscuros, como dos pozos que… No. El lado poeta de James trato de salir, tomar el control nuevamente. No debía permitirlo. Esta era la descripción que sus padres le dieron hace cuatro días, cuando la desesperación los había asaltado esa mañana cuando su hija no había regresado de la casa de su amiga. Obviamente, su amiga no sabía nada, los padres de la niña tampoco, y nadie había visto a Jane en casi todo un día.
James se encontraba en el cuarto de la adolescente, a ver si encontraba algo que pudiera revelar su paradero. Hasta el momento no había nada. Solo notitas de el que debía suponer era su enamorado (lo buscaría luego), notitas de sus amigas (las buscaría luego, también), vagos apuntes de la escuela, dibujos abstractos y una especie de retrato. Era un retrato de ella misma, pero sin pelo. Pensó preguntarles a sus padres, pero no parecía que ellos fuesen a saber mucho. Las cosas parecían complicarse un poco. Sus padres decían que en el colegio no era una alumna sobresaliente, que su comportamiento siempre había sido el de una adolescente normal, la amiga con la que había hablado decían lo mismo, y sus profesores también. Una chica normal desaparece absolutamente de la nada en un pueblo tranquilo y nadie sabe nada. James dio otra calada a su cigarrillo, pensativo. Algo no encajaba. Pero no tenía suficientes pruebas para saber que. Siguió buscando.
Más papeles. Más notas. Más dibujos. Todos los guardaba en una bolsita, para analizarlos luego. Una para papeles sin razón ni motivo. Una para notas. Otra para dibujos. Luego, debajo de la capa de hojas, había una capa de cuadernos. Casi todos de la escuela. Matemáticas, lenguaje, historia, ciencias, hasta de arte. Nada personal, nada que pudiera darle una pista de… un momento. Encontró algo que no parecía ninguno de los otros cuadernos. Era más pequeño que los demás y la cubierta era de cuero. Pero lo que llamó su atención hacía el pequeño cuadernito era una cruz. Una cruz dibujada con corrector líquido en la portada. Era mediana y se encontraba en la esquina izquierda inferior de la tapa de cuero.
James dejó lo que tenía en las manos a un lado y tomó el cuaderno, lo abrió y leyó en la primera página: Diario. “Esto, esto es”, pensó, excitado por este nuevo descubrimiento.
La luz de un carro entrando por el estacionamiento lo jaló de nuevo a la realidad. No se había dado cuanta de lo tarde que era. Miró su reloj. Eran ya las 8 y cuarto. A esta hora los padres de Jane volverían. Les habían dado ese tiempo a los policías para investigar la casa. No les gustaban estas clases de investigaciones. El detective Allerson metió el cuaderno y las bolsas de papeles en su maletín y se dirigió a la sala. Sus ayudantes estaban todos reunidos ahí sentados en los sillones.
-¿Se puede saber que hacen?
-Hace una media hora que acabamos de revisar la casa, jefe-le respondió uno de los policías-. Lo estábamos esperando.
-Bueno, gracias, ahora vamonos antes de que…
La puerta se abrió de golpe y los señores Judge entraron a la casa.
-Oh-dijo el señor Richard Judge en tono decaído-, siguen aquí.
-Eh, si, lo sentimos. Ya nos íbamos.
James hizo un gesto con la mano y los agentes se pararon y comenzaron a despedirse respetuosamente de los señores.
-Em, ¿encontraron algo?-preguntó la señora Dorothy Judge, interrumpiendo la salida de los policías.
-Los sentimos-dijo el detective-, no encontramos nada.
“Nada” ¿Porque había mentido? Algo le decía que Jane no quería que sus padres encontraran su diario. Menos un total desconocido. Pero. ¿Por qué? ¿Qué esperaba encontrar? Era solo una adolescente, ¿no?
En el asiento de copiloto del carro de policía, se decidió a leerlo. Abrió la tapa. Paso la primera página, de una manera case ceremoniosa.
Lunes 5 de enero
Hoy inauguró estas páginas. No sé que decir. Hoy no paso nada en verdad. Tal ves pueda escribir algo que pasó antes, en la fiesta de fin de año…Ay¡ Conocí al chico perfecto. Bueno, en verdad no lo conocí. Simplemente nos presentaron. Pero sentí algo, y estoy casi segura que él también. Se llama Carl. Charlie¡ Es alto, de ojos claros, el pelo cortito, cortito. Pero es…perfecto. Me gusta. Me gusta mucho. Pero apenas lo conozco y…y…
Ahí terminaba. James se sentía decepcionado, hasta algo ridículo. Era el simple diario de una típica adolescente. Nada especial. Encendió un cigarrillo. Esto no lo estaba llevando a ningún lado. Solo le quedaba ir a buscar a ese tal Carl y hablar con el.
Entonces sintió que todos lo miraban.
-¿Qué?- les preguntó
-Estamos dejando el cigarro, si le molesta- respondió el que estaba manejando.
James tiro el cigarro por la ventana y se sumergió en sus pensamientos.
Jane Judge era una adolescente que cursaba el 5to año de secundaria en una pequeña escuela en su pueblo, cerca de Seattle. De estatura media, pelo castaño claro, tez blanca, ojos grandes y oscuros, como dos pozos que… No. El lado poeta de James trato de salir, tomar el control nuevamente. No debía permitirlo. Esta era la descripción que sus padres le dieron hace cuatro días, cuando la desesperación los había asaltado esa mañana cuando su hija no había regresado de la casa de su amiga. Obviamente, su amiga no sabía nada, los padres de la niña tampoco, y nadie había visto a Jane en casi todo un día.
James se encontraba en el cuarto de la adolescente, a ver si encontraba algo que pudiera revelar su paradero. Hasta el momento no había nada. Solo notitas de el que debía suponer era su enamorado (lo buscaría luego), notitas de sus amigas (las buscaría luego, también), vagos apuntes de la escuela, dibujos abstractos y una especie de retrato. Era un retrato de ella misma, pero sin pelo. Pensó preguntarles a sus padres, pero no parecía que ellos fuesen a saber mucho. Las cosas parecían complicarse un poco. Sus padres decían que en el colegio no era una alumna sobresaliente, que su comportamiento siempre había sido el de una adolescente normal, la amiga con la que había hablado decían lo mismo, y sus profesores también. Una chica normal desaparece absolutamente de la nada en un pueblo tranquilo y nadie sabe nada. James dio otra calada a su cigarrillo, pensativo. Algo no encajaba. Pero no tenía suficientes pruebas para saber que. Siguió buscando.
Más papeles. Más notas. Más dibujos. Todos los guardaba en una bolsita, para analizarlos luego. Una para papeles sin razón ni motivo. Una para notas. Otra para dibujos. Luego, debajo de la capa de hojas, había una capa de cuadernos. Casi todos de la escuela. Matemáticas, lenguaje, historia, ciencias, hasta de arte. Nada personal, nada que pudiera darle una pista de… un momento. Encontró algo que no parecía ninguno de los otros cuadernos. Era más pequeño que los demás y la cubierta era de cuero. Pero lo que llamó su atención hacía el pequeño cuadernito era una cruz. Una cruz dibujada con corrector líquido en la portada. Era mediana y se encontraba en la esquina izquierda inferior de la tapa de cuero.
James dejó lo que tenía en las manos a un lado y tomó el cuaderno, lo abrió y leyó en la primera página: Diario. “Esto, esto es”, pensó, excitado por este nuevo descubrimiento.
La luz de un carro entrando por el estacionamiento lo jaló de nuevo a la realidad. No se había dado cuanta de lo tarde que era. Miró su reloj. Eran ya las 8 y cuarto. A esta hora los padres de Jane volverían. Les habían dado ese tiempo a los policías para investigar la casa. No les gustaban estas clases de investigaciones. El detective Allerson metió el cuaderno y las bolsas de papeles en su maletín y se dirigió a la sala. Sus ayudantes estaban todos reunidos ahí sentados en los sillones.
-¿Se puede saber que hacen?
-Hace una media hora que acabamos de revisar la casa, jefe-le respondió uno de los policías-. Lo estábamos esperando.
-Bueno, gracias, ahora vamonos antes de que…
La puerta se abrió de golpe y los señores Judge entraron a la casa.
-Oh-dijo el señor Richard Judge en tono decaído-, siguen aquí.
-Eh, si, lo sentimos. Ya nos íbamos.
James hizo un gesto con la mano y los agentes se pararon y comenzaron a despedirse respetuosamente de los señores.
-Em, ¿encontraron algo?-preguntó la señora Dorothy Judge, interrumpiendo la salida de los policías.
-Los sentimos-dijo el detective-, no encontramos nada.
“Nada” ¿Porque había mentido? Algo le decía que Jane no quería que sus padres encontraran su diario. Menos un total desconocido. Pero. ¿Por qué? ¿Qué esperaba encontrar? Era solo una adolescente, ¿no?
En el asiento de copiloto del carro de policía, se decidió a leerlo. Abrió la tapa. Paso la primera página, de una manera case ceremoniosa.
Lunes 5 de enero
Hoy inauguró estas páginas. No sé que decir. Hoy no paso nada en verdad. Tal ves pueda escribir algo que pasó antes, en la fiesta de fin de año…Ay¡ Conocí al chico perfecto. Bueno, en verdad no lo conocí. Simplemente nos presentaron. Pero sentí algo, y estoy casi segura que él también. Se llama Carl. Charlie¡ Es alto, de ojos claros, el pelo cortito, cortito. Pero es…perfecto. Me gusta. Me gusta mucho. Pero apenas lo conozco y…y…
Ahí terminaba. James se sentía decepcionado, hasta algo ridículo. Era el simple diario de una típica adolescente. Nada especial. Encendió un cigarrillo. Esto no lo estaba llevando a ningún lado. Solo le quedaba ir a buscar a ese tal Carl y hablar con el.
Entonces sintió que todos lo miraban.
-¿Qué?- les preguntó
-Estamos dejando el cigarro, si le molesta- respondió el que estaba manejando.
James tiro el cigarro por la ventana y se sumergió en sus pensamientos.
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