Escribo desde un profundo estado de locura del que ya no me puedo zafar. Estoy encerrado en mi habitación, ubicada en el segundo piso de lo que fue alguna ves mi hogar. Ahora no es más que una prisión para mí. Escribo porque sé que no podré más. Ya está todo listo. No veré un amanecer más. No le daré el honor de atraparme con vida.
Era un domingo cualquiera en la tarde. Yo y mi esposa nos encontrábamos observando el amanecer, cuando mi hijo de tan solo 6 años nos llamó. Había escuchado un ruido salir del pozo frente a mi casa. Como era de esperarse, nuestra soberanía como padres nos nubló el razonamiento, haciéndonos pensar que, aparentemente, mi hijo habría escuchado un animal o algo así. Pero, durante la noche, un aullido inhumano, una especie de quejido, nos impidió el sueño a mi y a mi conyugue.
Mi hogar está construido sobre el terreno donde se levantó, algunas ves, un laboratorio nazi. El pozo debía de tener unos veintitantos metros de profundidad. Nunca lo habíamos usado. Era más bien un adorno del jardín de atrás.
Dos días después de que empezaran los quejidos, mi hijo no despertó en su cama. Encontramos en su alcoba un rastro de agua que llevaba al pozo. Pero aún así, en ningún momento descarté la posibilidad de que esto fuera obra de alguno de mis enemigos de antaño en busca de venganza. Todos los días después de la desaparición de mi hijo mi esposa se pasó los día enteros frente al pozo, mirando hacía abajo, escuchando, esperando, hasta que yo las llevaba a mi habitación.
Un día desperté y mi mujer no estaba a mi lado. La busqué en todos lados y no estaba. Me asome por la ventana de la cocina hacía el jardín de atrás y allí estaba. Mirando hacía el pozo. Salí y me dirigí hacía ella. Tenía la mirada perdida en el agujero negro que tenía en frente. “Estefanía” la llamé, pero no respondió. Solo cuando me encontré a escasos metros de ella se percató de mi presencia. “Lo siento mucho” dijo “, pero esto es más grande que yo”. Y cayó al pozo. “No” grité y salté hacía el pozo, dejando la mitad del cuerpo colgando del pozo. Lloré a mi mujer por tres días y dos noches, durante las cuáles no dormí. Hasta que la tercera noche, los aullidos inhumanos comenzaron de nuevo. Y no aguanté más. Salí con la lámpara en mano hacia el pozo he iluminé el hoyo, a ver si veía algo. Nada. Una oscuridad sin fin se extendía bajo mis ojos. Y lo escuché por detrás de mi espalda. Volteé para ver que era y me encontré cara a cara con un enorme ser, al menos un metro más grande que yo. Lanzó un gruñido y solté la lámpara y me eché a correr. Le escuchaba detrás de mí. Lo sentía detrás de mí. Quería voltear y destruirlo, fuese lo que fuese. Se me nubla la mente cada ves que trato de recordarlo con detalles. Solo sé que no es humano. Ni animal, como llegué a pensar en algún momento. Corrí bajo la lluvia y los truenos hasta la puerta trasera de mi casa y me encerré en la cocina. Tomé la escopeta de detrás de la puerta, dispuesto a enfrentarme a la cosa, pero cuando vi su silueta fuera de la casa y el temor y el horror se apoderaron de mi y me quedé tieso, ahí frente a la puerta trasera de mi casa, aprisionado por un a criatura.
Cuando volví en mi, corrí con el arma hacia mi habitación. Dos días han pasado desde eso. Desde entonces, logró entrar a mi casa y destruirlo todo. Lo escucho. Lo escucho todo el tiempo. Sabe que estoy aquí adentro. Me escucha. Me huele. Trató de entrar unas ves, pero le disparé. Creo que esta herido. Tal ves, solo tal ves, si me enfrento a el podré vencerlo. O podría morir. Pero nada puede ser peor que esta soledad. Esta impotencia. He perdido a mi familia. Y ni siquiera sé si es eso lo que los mató. Pero si sé que no descansara hasta tenerme. Y no sé que es.
Sigue ahí. He gastado todas las municiones de la escopeta disparando a la pared y a la puerta. Prácticamente puedo ver su enorme presencia moverse de un lado hacia otros, destruyendo todo a su paso. Si quisiera, podría entrar al cuarto. Pero no. Se queda ahí. Me esta esperando. Quiere que salga y lo enfrente. No. No le voy a dar el gusto. No me le daré la gracia. Ya es hora. Es el fin.
lunes, 24 de noviembre de 2008
martes, 28 de octubre de 2008
Molino de Viento
Edad Media
Durante un lindo día en la aldea, o al menos una bonita mañana, o tal ves tarde, pero por esta ves que sea mañana, lo que uno menos espera ver es a un poeta cubierto de sangre bajo un molino de viento.
-¡Oh, Dios! ¡Que por favor el alma del poeta Alejandro este ya en tu Gracia Divina! –exclamaba el monje Johan.
El cuerpo, o despojos, o mejor digámosle cadáver, del poeta Alejandro se encontraba recostado sobre el viejo molino, el cual se encontraba en medio de otros dos mas jóvenes, o al menos 1 año mas jóvenes, por decir lo menos. Estaba rodeado de rosas marchitas, manchadas de sangre, sangre de Alejandro, claro esta.
-¡Por favor, que alguien quite este cadáver de aquí! Va a atraer animales y bestias salvajes- exclamó el campesino Rodrigo, quien era dueño de estas tierras, o mejor decir terrenos.
-No se preocupe, oh, honorable, Rodrigo. Yo me llevaré el cadáver de Alejandro y le daré la debida cristiana sepultura-dijo entonces el joven, o de madura edad, pero no viejo, caballero Marco.
-¿Quién habrá sido autor de semejante atrocidad hacia la vida y hacia Dios, padre nuestro?-exclamó el monje Johan con la mirada hacia el Cielo y las nubes y los sueños perdidos.
Una mariposa se poso sobre el mango del cuchillo clavado en pecho, más específicamente el corazón, del poeta Alejandro. Un pajarillo bajo de lo alto del cielo hacia el molino y cautivo a los tres presentes y el cadáver, o despojo, del poeta Alejandro. Era una hermosa mañana, no había duda.
-… amén.
El monje Johan oficializó la ceremonia de sepultamiento, por no llamarla trágica despedida, del cuerpo, o cadáver, del poeta Alejandro.
Mientras el caballero Marco y el monje Rodrigo se alejaban del lugar de despedida, vieron a una mujer vestida de largo vestido negro y un peinado que llegaba hasta el suelo y medio metro por arriba de su cabeza acercarse a la sepultura. Al llegar a esta, saco un gato pardo por debajo de su vestido y lo puso sobre la tumba, o sepultura, o lugar de despedida, y este cayo muerto sobre la tumba. Luego, la mujer desapareció, o se fue rápidamente, lo cual es lo más probable.
Cuando finalmente llegaron a la entrada de la aldea, vieron el cuerpo, o despojos, o cadáver, pero esta ves el término que cae mejor seria despojo, del trovador Martín.
-¡Oh, Dios1 ¿otro más? ¿Por qué los mejores hombres de la aldea son los que caen ante la muerte primero?
-Tranquilo, Monje Johan. No todo en este mundo tiene que tener un porque, un si o un no. Algunas cosas simplemente son, sin motivo alguno. Y son estas cosas sobre las cuales no tenemos control, por más que intentemos tenerlo.
Un picaflor cayó muerto al lado de los despojos del trovador Martín. Y fue en ese entonces que la mujer de negro de ostentoso peinado apareció. Esta ves tenia un ramo de rosas muertas, o tal ves marchitas, en las manos.
-Si no ven mas allá de sus ojos y buscan en el la risa enferma de las flores al hacer el amor, entonces nunca encontraran el porque, el si o el no o la razón y motivación de las cosas. Sigan al viento hasta que caiga al abismo y muera y entonces podrán encontrar su alegría falsa que buscan y podrán morir…
-Señora…-interrumpió el caballero Marco.
-Señorita- exclamó frenéticamente la mujer de negro volteándose, o propiamente dicho, volviéndose, hacia los dos hombres que la miraban con perplejidad y admiración y miedo.
-Bue..bueno sañ…señorita, usted ¿quien es?
-Yo soy una mensajera. De la muerte.
Y se desapareció.
¿O se fue rápidamente?
-Loca…eh…eh…psico…lo… ¡endemoniada! ¡Eso es lo que es! ¡Dios se apiade de su alma1- exclamó el monje Johan.
-Definitivamente-respondió el caballero.
Después de darle sepultura, o despedirse, del trovador, ambos vieron un par de flores, léase dos flores, y un picaflor posándose en una y luego en otra.
-¡Ja, que ironía...!- rió el monje, en tono sarcásticamente, si uno entiende que el monje era muy sarcástico.
-No todo tiene sus dos lados. No todo tiene su ironía ni su doble sentido ni su sarcasmo…-interrumpió el caballero, bruscamente, cosa raro en el respetuoso caballero Marco.
-Somos como un manantial. Nos secamos cuando queremos y perdemos la capacidad de ver las cosas como queremos y morimos al hacerlo y todo es pura voluntad-interrumpió el monje, cosa rara en el pues el era muy calmado.
Y luego de un largo momento de silencio el caballero Marco dijo:
-Si los árboles mueren de pie, porque los humanos, más evolucionados y perfectos, tenemos que morir caídos, derrotados, humillados, caídos.
- Todos es como lo quieres ver-concluyó el monje.
Y ambos se fueron.
Como era de esperarse, el maduro, pero no muy viejo, caballero soñó, o pesadilló, aunque eso no suena bien, con la mujer y gatos y flores y muerte.
Se levantó de su cómoda, aunque no mucho, pues era de paja, cama y salió de su hogar. Era una noche hermosa, y estas ves no podría ser mañana ni tarde, porque en verdad era de noche. Ni un solo ruido en toda la aldea. Todo dormía. Todo descansaba. El caballero saco su daga y la lavó en su pecho o, más específicamente, en el corazón.
Y el viento tocó fondo.
El monje Johan despertó sudando frío, ¿pero se puede sudar caliente? Había tenido pesadillas toda la noche. Corrió hacia la Iglesia. Cogió entre sus arrugadas manos una cruz sobre el altar, la alzó, como quien alza a un hijo al este recién nacer, y lo clavó sobre su corazón, sobreentiéndase, sobre su pecho.
Y el manantial se secó.
Y la risa enferma de las flores concluyó cuando el molino de viento quedó en cenizas cuando el campesino Rodrigo le prendió fuego con él adentro.
Durante un lindo día en la aldea, o al menos una bonita mañana, o tal ves tarde, pero por esta ves que sea mañana, lo que uno menos espera ver es a un poeta cubierto de sangre bajo un molino de viento.
-¡Oh, Dios! ¡Que por favor el alma del poeta Alejandro este ya en tu Gracia Divina! –exclamaba el monje Johan.
El cuerpo, o despojos, o mejor digámosle cadáver, del poeta Alejandro se encontraba recostado sobre el viejo molino, el cual se encontraba en medio de otros dos mas jóvenes, o al menos 1 año mas jóvenes, por decir lo menos. Estaba rodeado de rosas marchitas, manchadas de sangre, sangre de Alejandro, claro esta.
-¡Por favor, que alguien quite este cadáver de aquí! Va a atraer animales y bestias salvajes- exclamó el campesino Rodrigo, quien era dueño de estas tierras, o mejor decir terrenos.
-No se preocupe, oh, honorable, Rodrigo. Yo me llevaré el cadáver de Alejandro y le daré la debida cristiana sepultura-dijo entonces el joven, o de madura edad, pero no viejo, caballero Marco.
-¿Quién habrá sido autor de semejante atrocidad hacia la vida y hacia Dios, padre nuestro?-exclamó el monje Johan con la mirada hacia el Cielo y las nubes y los sueños perdidos.
Una mariposa se poso sobre el mango del cuchillo clavado en pecho, más específicamente el corazón, del poeta Alejandro. Un pajarillo bajo de lo alto del cielo hacia el molino y cautivo a los tres presentes y el cadáver, o despojo, del poeta Alejandro. Era una hermosa mañana, no había duda.
-… amén.
El monje Johan oficializó la ceremonia de sepultamiento, por no llamarla trágica despedida, del cuerpo, o cadáver, del poeta Alejandro.
Mientras el caballero Marco y el monje Rodrigo se alejaban del lugar de despedida, vieron a una mujer vestida de largo vestido negro y un peinado que llegaba hasta el suelo y medio metro por arriba de su cabeza acercarse a la sepultura. Al llegar a esta, saco un gato pardo por debajo de su vestido y lo puso sobre la tumba, o sepultura, o lugar de despedida, y este cayo muerto sobre la tumba. Luego, la mujer desapareció, o se fue rápidamente, lo cual es lo más probable.
Cuando finalmente llegaron a la entrada de la aldea, vieron el cuerpo, o despojos, o cadáver, pero esta ves el término que cae mejor seria despojo, del trovador Martín.
-¡Oh, Dios1 ¿otro más? ¿Por qué los mejores hombres de la aldea son los que caen ante la muerte primero?
-Tranquilo, Monje Johan. No todo en este mundo tiene que tener un porque, un si o un no. Algunas cosas simplemente son, sin motivo alguno. Y son estas cosas sobre las cuales no tenemos control, por más que intentemos tenerlo.
Un picaflor cayó muerto al lado de los despojos del trovador Martín. Y fue en ese entonces que la mujer de negro de ostentoso peinado apareció. Esta ves tenia un ramo de rosas muertas, o tal ves marchitas, en las manos.
-Si no ven mas allá de sus ojos y buscan en el la risa enferma de las flores al hacer el amor, entonces nunca encontraran el porque, el si o el no o la razón y motivación de las cosas. Sigan al viento hasta que caiga al abismo y muera y entonces podrán encontrar su alegría falsa que buscan y podrán morir…
-Señora…-interrumpió el caballero Marco.
-Señorita- exclamó frenéticamente la mujer de negro volteándose, o propiamente dicho, volviéndose, hacia los dos hombres que la miraban con perplejidad y admiración y miedo.
-Bue..bueno sañ…señorita, usted ¿quien es?
-Yo soy una mensajera. De la muerte.
Y se desapareció.
¿O se fue rápidamente?
-Loca…eh…eh…psico…lo… ¡endemoniada! ¡Eso es lo que es! ¡Dios se apiade de su alma1- exclamó el monje Johan.
-Definitivamente-respondió el caballero.
Después de darle sepultura, o despedirse, del trovador, ambos vieron un par de flores, léase dos flores, y un picaflor posándose en una y luego en otra.
-¡Ja, que ironía...!- rió el monje, en tono sarcásticamente, si uno entiende que el monje era muy sarcástico.
-No todo tiene sus dos lados. No todo tiene su ironía ni su doble sentido ni su sarcasmo…-interrumpió el caballero, bruscamente, cosa raro en el respetuoso caballero Marco.
-Somos como un manantial. Nos secamos cuando queremos y perdemos la capacidad de ver las cosas como queremos y morimos al hacerlo y todo es pura voluntad-interrumpió el monje, cosa rara en el pues el era muy calmado.
Y luego de un largo momento de silencio el caballero Marco dijo:
-Si los árboles mueren de pie, porque los humanos, más evolucionados y perfectos, tenemos que morir caídos, derrotados, humillados, caídos.
- Todos es como lo quieres ver-concluyó el monje.
Y ambos se fueron.
Como era de esperarse, el maduro, pero no muy viejo, caballero soñó, o pesadilló, aunque eso no suena bien, con la mujer y gatos y flores y muerte.
Se levantó de su cómoda, aunque no mucho, pues era de paja, cama y salió de su hogar. Era una noche hermosa, y estas ves no podría ser mañana ni tarde, porque en verdad era de noche. Ni un solo ruido en toda la aldea. Todo dormía. Todo descansaba. El caballero saco su daga y la lavó en su pecho o, más específicamente, en el corazón.
Y el viento tocó fondo.
El monje Johan despertó sudando frío, ¿pero se puede sudar caliente? Había tenido pesadillas toda la noche. Corrió hacia la Iglesia. Cogió entre sus arrugadas manos una cruz sobre el altar, la alzó, como quien alza a un hijo al este recién nacer, y lo clavó sobre su corazón, sobreentiéndase, sobre su pecho.
Y el manantial se secó.
Y la risa enferma de las flores concluyó cuando el molino de viento quedó en cenizas cuando el campesino Rodrigo le prendió fuego con él adentro.
viernes, 12 de septiembre de 2008
Cuando las luces se apagan
El reloj marcaba las 12 p.m. –hora de la Tierra.
-¡Hey, Tim! ¡Feliz cumpleaños!
-También es el de mi gato…
Ocho días de naufragio espacial no parecía tanto antes. Para los pasajeros del Falcon Hunter S-16, 8 días parecían una eternidad. Una unidad de escape marciana había impactado contra los propulsores de la nave y se los había dañado gravemente. En caso de accidentes o falla de sistemas, la nave iniciaba un sistema de emergencia, que activaba un radar de naves enemigas, previamente configurado para buscar cierto tipo de naves; un radar de sistemas orgánicos peligrosos, en caso de que el accidente o la falla hubiera sido causado por algo vivo dentro o fuera de la nave; también se activaba el generador de emergencia, que proporcionaría a la nave de energía hasta por 10 días; y un programa que lanzaba una señal de emergencias al satélite más cercano. Por un error en la construcción de la nave, el programa que lanzaba la señal de emergencia estaba en el sistema de propulsiones, el cual fue destruido por la otra nave.
Ese día parecía como cualquier otro, todos los Falcon Hunter del S-11 al S-20 salían a su ronda de vigilancia. Tenían que salir y dar una vuelta por Marte y luego volver a la base espacial WB.03. El S-16 había recibido un mensaje sobre una nave de escape marciana aparentemente secuestrada. La nave tenía como destino la Tierra. Para los americanos, una “aparente” muestra de secuestro significaba más que eso, podía significar algo muy serio. El S-16 tenía como nueva misión interceptarlo. Después de una acción evasiva, la nave marciana Escape Bus-09 impactó contra los propulsores de la S-16 y siguió curso directo y fijo hacía la Tierra. El radar de naves enemigas se había mantenido en silencio todo el viaje, a diferencia del de organismos peligrosos, que había señalado que el Escape Bus-09 tenía algo peligroso (de nivel rojo) dentro. Trataron de comunicárselo al WB.03, pero la antena de comunicaciones estaba dañada también.
-Un Cloxlor-dijo Tim.
Charles no respondió, solo ladeó la cabeza ligeramente, pensativo.
Los Cloxlors eran una raza de criaturas orgánicas peligrosamente hostiles (o DHOC por sus siglas en inglés) que habitaban entre los asteroides del cinturón que se encuentra entre Marte y Júpiter. Atacaban a todo y a todos sin discriminación. Según la teoría que había ido formando Tim en los últimos ocho días desde el accidente, un asteroide del cinturón se había salido de órbita y había imanado en alguna parte de Marte, iniciando una invasión. Uno o más Cloxors se metieron en una de las Escape Bus que tenían como previo destinatario en caso de emergencia a la Tierra, y la tomaron. Entonces fue cuando se estrelló contra el S-16 y siguió su curso hacía una invasión segura a la Tierra. Si llegaban a tiempo, la Tierra, la cual estaba prevenida ante todo, menos a una invasión de cualquier tipo de DHOCs, estaría perdida.
-Delicioso
Tim dejó a un lado su termo de Starbucks y siguió reflexionando, mientras miraba al vacío. Les quedaba comida para un día más. La nave sólo les proporcionaría energía por uno o dos días más, luego, morirían en cuestión de minutos. Sin energía, el sistema anti-gravedad y anti-presión dejaría de funcionar, y quedarían flotando por la nave mientras lentamente la presión los aplastaba. Cuando las luces se apagaran, todo llegaría a su fin.
Al compartir tantas experiencias con una persona, te puedes llegar a compenetrar mucho con ella. Tim y Charles estaban al tanto del riesgo de su trabajo y sabían que un paso en falso podría acabar con la vida de uno de ellos. Por eso siempre trataron de no encariñarse demasiado. Pero ocho días había sido suficiente para que Timothy Onell y Charles Smuth llegasen a compenetrarse tanto entre ambos, que habían decidido que si uno moría antes de que se acabara la energía de la nave, el otro lanzaría su cuerpo al espacio. Debido a lo cerca que estaban de llegar al día 10 de naufragio, ya tomaban este acuerdo muy en serio.
11:46 a.m.-hora de la Tierra.
Era el día nueve del naufragio. Ese mismo día se acabarían las provisiones. <> pensó Charles. Dadas las 2 p.m.-hora de la Tierra. ambos comieron sus barras de cereal, sus galletas y sus Gatorades. Tim tomó un poco de café y luego esperó a que el tiempo se pasara.
12 p.m.-hora de la Tierra.
Comenzó el último día de la energía de emergencia
<> pensó Tim. Habían pensado salir de la nave en sus “trajes de astronauta”, pero era muy peligroso, pues no estaban entrenados para eso. <>
Varias horas después, ambos comieron unas cuantas galletas que habían dejado del día anterior.
11:59 p.m.-hora de la Tierra.
-Fue un placer trabajar contigo-dijo Charles mientras caía una lágrima de su ojo izquierdo.
-Igualmente-respondió Tim abrazando a su compañero…no, a su amigo-. Ya nos veremos.
Y las luces se apagaron.
Fin
-¡Hey, Tim! ¡Feliz cumpleaños!
-También es el de mi gato…
Ocho días de naufragio espacial no parecía tanto antes. Para los pasajeros del Falcon Hunter S-16, 8 días parecían una eternidad. Una unidad de escape marciana había impactado contra los propulsores de la nave y se los había dañado gravemente. En caso de accidentes o falla de sistemas, la nave iniciaba un sistema de emergencia, que activaba un radar de naves enemigas, previamente configurado para buscar cierto tipo de naves; un radar de sistemas orgánicos peligrosos, en caso de que el accidente o la falla hubiera sido causado por algo vivo dentro o fuera de la nave; también se activaba el generador de emergencia, que proporcionaría a la nave de energía hasta por 10 días; y un programa que lanzaba una señal de emergencias al satélite más cercano. Por un error en la construcción de la nave, el programa que lanzaba la señal de emergencia estaba en el sistema de propulsiones, el cual fue destruido por la otra nave.
Ese día parecía como cualquier otro, todos los Falcon Hunter del S-11 al S-20 salían a su ronda de vigilancia. Tenían que salir y dar una vuelta por Marte y luego volver a la base espacial WB.03. El S-16 había recibido un mensaje sobre una nave de escape marciana aparentemente secuestrada. La nave tenía como destino la Tierra. Para los americanos, una “aparente” muestra de secuestro significaba más que eso, podía significar algo muy serio. El S-16 tenía como nueva misión interceptarlo. Después de una acción evasiva, la nave marciana Escape Bus-09 impactó contra los propulsores de la S-16 y siguió curso directo y fijo hacía la Tierra. El radar de naves enemigas se había mantenido en silencio todo el viaje, a diferencia del de organismos peligrosos, que había señalado que el Escape Bus-09 tenía algo peligroso (de nivel rojo) dentro. Trataron de comunicárselo al WB.03, pero la antena de comunicaciones estaba dañada también.
-Un Cloxlor-dijo Tim.
Charles no respondió, solo ladeó la cabeza ligeramente, pensativo.
Los Cloxlors eran una raza de criaturas orgánicas peligrosamente hostiles (o DHOC por sus siglas en inglés) que habitaban entre los asteroides del cinturón que se encuentra entre Marte y Júpiter. Atacaban a todo y a todos sin discriminación. Según la teoría que había ido formando Tim en los últimos ocho días desde el accidente, un asteroide del cinturón se había salido de órbita y había imanado en alguna parte de Marte, iniciando una invasión. Uno o más Cloxors se metieron en una de las Escape Bus que tenían como previo destinatario en caso de emergencia a la Tierra, y la tomaron. Entonces fue cuando se estrelló contra el S-16 y siguió su curso hacía una invasión segura a la Tierra. Si llegaban a tiempo, la Tierra, la cual estaba prevenida ante todo, menos a una invasión de cualquier tipo de DHOCs, estaría perdida.
-Delicioso
Tim dejó a un lado su termo de Starbucks y siguió reflexionando, mientras miraba al vacío. Les quedaba comida para un día más. La nave sólo les proporcionaría energía por uno o dos días más, luego, morirían en cuestión de minutos. Sin energía, el sistema anti-gravedad y anti-presión dejaría de funcionar, y quedarían flotando por la nave mientras lentamente la presión los aplastaba. Cuando las luces se apagaran, todo llegaría a su fin.
Al compartir tantas experiencias con una persona, te puedes llegar a compenetrar mucho con ella. Tim y Charles estaban al tanto del riesgo de su trabajo y sabían que un paso en falso podría acabar con la vida de uno de ellos. Por eso siempre trataron de no encariñarse demasiado. Pero ocho días había sido suficiente para que Timothy Onell y Charles Smuth llegasen a compenetrarse tanto entre ambos, que habían decidido que si uno moría antes de que se acabara la energía de la nave, el otro lanzaría su cuerpo al espacio. Debido a lo cerca que estaban de llegar al día 10 de naufragio, ya tomaban este acuerdo muy en serio.
11:46 a.m.-hora de la Tierra.
Era el día nueve del naufragio. Ese mismo día se acabarían las provisiones. <
12 p.m.-hora de la Tierra.
Comenzó el último día de la energía de emergencia
<
Varias horas después, ambos comieron unas cuantas galletas que habían dejado del día anterior.
11:59 p.m.-hora de la Tierra.
-Fue un placer trabajar contigo-dijo Charles mientras caía una lágrima de su ojo izquierdo.
-Igualmente-respondió Tim abrazando a su compañero…no, a su amigo-. Ya nos veremos.
Y las luces se apagaron.
Fin
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